sábado, 1 de mayo de 2010

Voluntad del habitante

A la Julieta de los altares

Desde ti vienen las olas,

la indecisión salítrofe de las distancias en el mar.

Desde ti viene el instinto como augurio del naufragio,

la redondez del aire sobre las palmeras,

la insistencia de los pensamientos enterrados en la playa.

Te intuye cada hombre en el descanso de la tarde,

en el dolor de pecho y el aroma de los senos jóvenes.

De ti vienen los contornos de las islas,

las palabras en los árboles de julio,

los aleteos de la risa que se posa sobre las muchachas.


Eres fruto que se cuelga en la memoria,

vergüenza en el adolescente,

orgullo en la debilidad del viejo.

Para ti nació el mezquite

como un profeta de sí mismo en el desierto,

Soplaste la tranquilidad bajo los nubes,

el descanso junto al fuego y su advertencia:

los ardores de la noche son altares de tu aliento.


Desde ti vienen las aves

con su vuelo en círculos sobre los muertos,

los ojos que se tiran por un pozo

y vislumbran la mujer primera,

y piensan en la luna cuando crece tan redonda como el pozo.

Desde ti nació la tierra que pisamos,

el agua que la circunda; la sombra como bienestar antiguo.

Para ti pintó su linea el horizonte:

te buscarán los hombres, viajarán hasta la soledad del hueso:

tu muerte inevitable es el orígen de la alquimia.

Sin embargo, de tu cuerpo no se sabe nada.


Reyes Rojas

1 comentarios:

Hoy es siempre todavía dijo...

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