jueves, 30 de septiembre de 2010
Los días y los árboles
donde las ramas
no nacen
y no alcanzan
las puntas aromadas
vislumbrar
el meticuloso
placer de la paciencia
de ver una mesa terminada
se parece tanto a hoy
que escribo
para llegar
a un sitio cómodo
libre y tenso
sobre una mesa
de árbol joven.
Fuera de mi cabeza perra
de la memoria
el día
el año
que conocimos un día
como si otoño
una piedra
una madera
preciosa
piedra
piedra
hubiera querido ser
y Dios
de agua
para que lloraras
entonces de mí
perra.
martes, 28 de septiembre de 2010
Profeta
La fuga de dos pechos en la tarde
rozará tu frente
y sabrás los pensamientos de las bugambilias en otoño.
Cada pétalo marchito comprometerá tu espanto
a las cumbres que la tierra absorbe
y la descomposición será tu cáliz.
Funda entonces nuestro emblema: la baba y el exceso
bajo el pliegue impreciso de las estaciones,
en su cambio necesario para cada vestimenta.
Abandérate y conquista tu respiración
subyúgate en mi nombre,
doblate el cuerpo como gruya de origami,
enjaulate y declárame la guerra.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Gesen Meneses 3° lugar en el Premio Nacional al Estudiante Universitario José Emilio Pacheco, categoría poesía
sábado, 4 de septiembre de 2010
Ernest finnegan: Beautiful man*
a Marlon Brando, a James Dean,
beloved by the whores, wanted by the fagots.
Every night he got out to burn a small porcion of the world,
he got the true appearance of the pimps, the drugdealers,
the artists, the business men, the house wifes.
A man with good manners,
able to charm everybody with a single look.
He married two times, he worked hard,
he was responsable and leave his children.
He traveled around the country,
north to east, the west coast, California, L.A., San Francisco.
He carried two suits, two hats,
a stunnig smile and a flashie step.
My father the drunker, the slacker,
the man who the only advice he gave me was
-kiddo, when you use a suit you always need a tie.
My father the man in the the last car of the subway,
the man who lost everything when
he lost his hair, his shape, his youth,
beacuse everything he knew in this life
was to be a gorgeous and beautiful man.
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Cuando era niño la única cosa que me importaba
era ser un hermoso y magnífico hombre,
amado por las mujeres, deseado por los maricas,
cada noche, salió a quemar una pequeña porción del mundo,
obtuvo la verdadera apariencia de los chulos, los dealers,
los artistas, los hombres de negocios, las amas de casa.
Un hombre de buenos modales,
capaz de encantar a todos con una somera mirada
Se casó dos veces, trabajó duro,
fue responsable y abandono a sus hijos.
Recorrió el país:
de norte a este, el oeste, California, L.A., San Francisco.
Llevaba dos trajes, dos sombreros,
una sonrisa impactante y un andar deslumbrante.
Mi padre, el alcohólico, el bueno para nada,
el hombre que el único consejo que me dio fue
-chico, cuando usas traje siempre necesitas corbata.
Mi padre el hombre en el último vagón del subterraneo,
el hombre quien perdió todo cuando perdió el cabello,
la forma y la juventud,
porque todo lo que sabía en esta vida
era ser un hermoso y magnífico hombre.
lunes, 30 de agosto de 2010
Fundamentalismos
Fundamentalismos
Para Maricarmen
I
Tiro las cenizas en tus piernas,
me obligas a lamer los restos
y tus ojos me golpean la nuca.
Cundo duermas a mi lado
te reclamaré las quemaduras.
II
Háblame de ti
del lugar donde tengo que amarte,
donde tienes que amarme.
Háblame y espera a que mi sangre cambie
que se vuelva justa y necesaria como tu piel y el pan.
Si quieres que te escuche
pégate a mi cuerpo como el frío a la ventana
y vacía el mundo de los muebles, de los puentes,
de los edificios, las montañas, los libros y las carreteras.
Cuando todo sea un desierto me dejarás entrar.
III
Los dos nacimos sobre el polvo,
anudamos nuestros cuerpos como resurrectos sin eucaristía.
Exigimos la mentira airosa de la imagen y la semejanza,
de la eternidad de la ceniza sobre nuestras piernas.
Ambos esperamos la promesa de una huella,
de algún rastro funebre distinto de las tumbas,
ajeno a los altares del regreso.
Cuando bebimos el credo de las máscaras,
gesticulamos el hambre que hacía falta
para degollar las reses de nuestra furia juntos.
Moriremos en lo áspero de nuestras convicciones:
Yo como un espejo soberano de lo que se pudre;
y tú sin la extrañeza bautizmal
de una palabra segura sobre el labio.
Fuimos siempre una de esas guerras sin trincheras.


