domingo, 24 de marzo de 2013

Relación de Parentesco


VI

Vivíamos en una casa de anchas paredes,
teníamos la cara limpia y los nudillos impecables.
Jugábamos en el patio con el bambú,
con las hormigas, con los machetes.
Teníamos una noción distinta del tiempo,
lo mediamos en razón de las cosas que queríamos hacer.
Teníamos costumbres sencillas,
 despertábamos por la mañana, dormíamos tranquilos.
“Teníamos” es la palabra,
el punto de inflexión de nuestra infancia.
Teníamos la idea de que nada se pierde por completo,
siempre queda un pequeño resabio, la posibilidad
de recuperar lo perdido.
Teníamos la certeza de conocer
el límite preciso de las cosas
pero no el alcance de nuestros brazos.
Nunca buscamos la herida
al arrojar un puño, un machete,
al alcanzar una pared, tocar un rostro.
Ahora, tenemos cicatrices,
el leve recuerdo de que alguna vez
vivimos en una casa de anchas paredes
y tuvimos la cara limpia y los nudillos impecables.
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